Alimentación en la adolescencia
La adolescencia es un periodo de vulnerabilidad nutricional. Siguiendo estos consejos se puede obtener una alimentación variada y completa.
Cubrir las necesidades de energía y nutrientes. La adolescencia conlleva a una gran demanda nutricional por el crecimiento rápido y la maduración de órganos. Variar la alimentación. Es importante proporcionar 2-3 raciones de lácteos y 2-3 piezas de fruta al día.
La estructura básica de los menús en la adolescencia debe ser: un primer plato hidrocarbonado: legumbres con verduras, verduras con patatas, arroz o pasta; un segundo plato proteico: carne magra, pescado variado o huevos, acompañado de una guarnición de ensalada o verduras; en el postre se deben alternar lácteos y frutas; bebida de elección: agua.
Realizar comidas regulares. Comer dentro del horario y no saltarse ninguna comida, principalmente el desayuno. Los adolescentes que no lo toman presentan baja capacidad de atención y escaso rendimiento escolar y físico.
No abusar de comidas rápidas. No oponerse a ellas, pero limitarlas. Evitar el exceso de quesos y salsas, y compensar sus desequilibrios en el hogar.
Responsabilidad y autonomía. Formar al adolescente en la alimentación y responsabilizarle mediante su participación en la elección de alimentos y su modo de preparación y consumo.
Limitar el consumo de alcohol. Produce inapetencia y su dependencia origina graves problemas sociales (fracaso escolar, accidentes, etc.).
Detectar precozmente trastornos de la conducta alimentaria. Sospechar la anorexia nerviosa (se niega a comer, miedo intenso a engordar, abusa de laxantes o diuréticos, realiza ejercicio físico extenuante) y la bulimia nerviosa (ingesta compulsiva de alimentos dulces y muy energéticos, asociada a menudo a conductas compensatorias (vómitos, abuso de laxantes, etc.). Estas situaciones precisan ayuda especializada de forma inmediata.
Alimentación y deporte. La alta competición requiere incrementar la ingesta de hidratos de carbono y proteínas. No manipular la dieta para lograr cambios de peso o composición corporal. Puede ser conveniente un suplemento vitamínico-mineral temporalmente.
Mantener el normopeso. Vigilar que el peso sea el adecuado para la edad y el sexo.
Huir de las dietas mágicas. Estas dietas, relacionadas con la moda, la silueta, la religión o la atribución de propiedades extraordinarias, resultan desequilibradas, con el consiguiente riesgo para la salud.
Fuente: www.medicina21.com







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