Sólo un pequeño porcentaje de los enfermos mentales encuentran trabajo
Temida e inquietante por desconocida. La patología mental es la enfermedad de los mil nombres. Loco, demente y hasta débil mental o imbécil. Deficientes, perturbados y, ahora, discapacitados psíquicos o enfermos mentales. Los que padecen el también llamado ‘mal de la melancolía’ han compartido a lo largo de la historia el rechazo y la incomprensión. Y ahora, en la época de las buenas y correctas expresiones, unos nombres siguen sustituyendo a palabras desgastadas por el uso y por la señal que deja el miedo, pero las dificultades para ser parte de la sociedad siguen imponiéndose.
Son enfermos y, como tales, necesitan diagnóstico, tratamiento y seguimiento médico, pero sus dolencias ni les restan talento ni les roban inteligencia. Por ello, y pese a que las confusiones de su mente los atrapan en plena época de formación, necesitan sentirse y ser útiles y la palabra mágica para la integración es ‘trabajo’. Una tarea diaria impone disciplina, desarrolla la responsabilidad, impulsa la autonomía y aporta recursos económicos, pero el miedo hacia la enfermedad mental dificulta especialmente la integración de estas personas y, salvo en servicios especiales de empleo, conseguir que una empresa los contrate es difícil, pese a los beneficios fiscales, y son además claras víctimas de épocas complicadas como es la actual crisis económica.
La esquizofrenia, afecta al 1% de la población, es la más frecuente, dejando aparte los problemas de estrés, ansiedad o depresión que son socialmente mucho mejor aceptados. Formación y empleo constituyen una de las prioridades de la Federación de Asociaciones y Familiares de Personas con Enfermedad Mental (Feafes), que reúne a once asociaciones y ocho delegaciones y que este año abrirá también sus puertas al norte de Burgos. En la actualidad, 400 personas son atendidas en las entidades de Feafes en la comunidad, a través de diferentes programas de apoyo al empleo, para el logro de su plena integración laboral en el mercado de trabajo en función de las características propias de cada afectado. Pese a ello, se estima que no supera el 15% el porcentaje de personas con enfermedad mental que logra trabajo y estabilidad.
El proyecto Redis o Decomer han abierto también el mercado laboral a estos pacientes, repasa Raquel Barbero, voluntaria del centro vallisoletano. «Sentirse útiles es una prioridad», explica, pero «tienen grandes dificultades para encontrar empleo». «Hay miedo a contratarlos, mucha prevención, hasta que la empresa los conoce». «A la sociedad le falta admitir que son enfermos como un diabético o un hipertenso, que precisan su medicación y seguimiento, pero que son capaces de desarrollar responsablemente un empleo», añade Raquel Barbero.
Fuente: nortecastilla.es
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