Síntomas negativos de la esquizofrenia: cuando una persona pierde motivación
Cuando se habla de esquizofrenia, casi siempre se piensa en voces o ideas delirantes. Sin embargo, una parte importante del trastorno es menos visible: la pérdida de motivación, de expresión emocional y de interés por las relaciones. A estos cambios se les llama síntomas negativos.
Qué son
Se les llama «negativos» porque implican la disminución o ausencia de funciones que antes estaban presentes. Según la Organización Mundial de la Salud, incluyen un habla muy limitada, una expresión emocional restringida, la incapacidad de sentir interés o placer y el retraimiento social.
Diferencias con síntomas positivos
Los síntomas positivos, como las alucinaciones y los delirios, añaden experiencias que normalmente no existen. Los negativos, en cambio, restan. Los primeros suelen llamar la atención de la familia porque son evidentes; los segundos pueden pasar desapercibidos durante meses y confundirse con timidez, flojera o mal carácter.
Esta diferencia explica por qué muchas familias consultan cuando aparecen las voces o la desconfianza, aunque los cambios sutiles llevaban meses. También explica por qué, aun cuando los síntomas positivos se controlan con medicamentos, la persona puede seguir con dificultades para retomar su vida: los síntomas negativos requieren su propia atención.
Apatía y anhedonia
La apatía es la falta de impulso para empezar o sostener actividades: bañarse, salir, responder mensajes o retomar un pasatiempo. La anhedonia es la dificultad para disfrutar cosas que antes daban gusto. Ninguna de las dos es una decisión de la persona. Forman parte del cuadro clínico y pueden afectar el estudio, el trabajo y el cuidado personal.
También pueden observarse un tono de voz monótono, un rostro con poca expresión y respuestas muy breves. Esto no significa que la persona no sienta: con frecuencia siente, pero le cuesta expresarlo.
No confundir con depresión o con los efectos de los medicamentos
Los síntomas negativos pueden parecerse a una depresión, y ambos cuadros pueden coexistir. También ciertos medicamentos pueden producir lentitud o apagamiento, y el aislamiento puede deberse a miedo o desconfianza. Distinguir el origen no es sencillo para la familia, y de ello depende el tratamiento, por lo que conviene que lo valore un psiquiatra y no atribuirlo de entrada a «falta de ganas».
Impacto familiar
Para la familia puede ser desconcertante ver que alguien se aleja, deja de arreglarse o ya no participa. Es común sentir frustración o interpretar el cambio como desinterés personal. Entender que son síntomas ayuda a bajar el reproche y a sustituirlo por un acompañamiento más paciente: proponer actividades breves, celebrar avances pequeños y evitar frases como «échale ganas».
Tratamiento y apoyo
Los síntomas negativos pueden responder menos a los medicamentos que los positivos, por lo que el tratamiento suele combinar seguimiento psiquiátrico con intervenciones psicosociales. La OMS menciona la psicoeducación, el trabajo con la familia, la terapia cognitivo-conductual y el entrenamiento en habilidades para la vida diaria.
En la práctica, esto significa fijar metas pequeñas y alcanzables, como una rutina de sueño, una caminata corta o una actividad en grupo, y sostenerlas con constancia. Los avances suelen ser graduales, y es importante que la familia los reconozca sin exigir cambios rápidos.
Si notas que un familiar se aísla, pierde interés y deja de cuidarse durante semanas, una valoración psiquiátrica es el siguiente paso. En Casa de Salud (Calle Almolonga 80, Colonia La Paz, Puebla) contamos con atención las 24 horas y programa de rehabilitación psicosocial. Teléfono: 222 249 5014.



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